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Tardes con Berthe
Por Concha Huerta de Soto ·

Ayer acompañé a mi madre al Thyssen. En la entrada, macetones de camelias cargados de capullos. Tenemos que volver cuando hayan florecido. Bajamos al sótano y descubrimos el mundo privado de Berta Morisot, la pintora impresionista.
Un bosque de Corot, profesor de las hermanas Morisot, misterioso y romántico. A su lado bocetos de árboles y marinas, primeros estudios de una joven promesa. Y una vista luminosa de Niza en turquesas y amarillos. Cómo me alegraría las mañanas frente a mi ventana. Retratos impresionistas. Berthe amazona, el rostro que fascinó a Manet en tantos lienzos, su futura cuñada.
1875. Berthe se presenta al Salón de Impresionistas. Una mujer descansa tras un abanico. Me encantan las transparencias del vestido y las varillas de nácar. A mí me conmueven la mirada y la piel de porcelana. Delante, una joven se observa en el espejo de su cámara. Escena íntima y delicada. El rostro ladeado, el cabello recogido. Mi madre se emociona. No conocía a esta gran artista.
Berthe Morisot pinta la vida como un diario, con pinceladas en vez de palabras. Jóvenes, madres, hijas. La maternidad se traslada a su pintura. Y la naturaleza que envuelve sus días con calidez y alegrías. Jardines salpicados de margaritas, delicadas malvarrosas. Las pinceladas sueltas, la paleta, un arcoíris de clorofilas que enciende el alma. Y la silla de enea esperando a que Berthe descanse los pinceles y disfrute de otra tarde eterna.
Berthe Morisot. En el baile. 1875
Berthe Morisot. El espejo psiqué. 1876
Berthe Morisot. Puerto de Niza. 1882
Berthe Morisot. En la orilla del lago. 1883
Berthe Morisot. El jardín de Bougival. 1884
Berthe Morisot. Malvarrosas. 1884
Berthe Morisot. La pintora impresionista. Museo Thyssen-Bornemisza. Paseo del Prado 8, Madrid. hasta el 12 de febrero de 2012.
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