Arte y cultura · Literatura
Nubes y tierras
Por Concha Huerta de Soto ·
Colas, cancelaciones, cataclismos. La Tierra se revela con mensajes incandescentes. Las nubes cubren portadas de diarios y empañan escándalos, discursos e hipocresías. El cielo se oscurece y paraliza las metrópolis. Miles de almas atrapadas en aeropuertos inertes. La fragilidad del hombre moderno frente a la fuerza incontestable de la madre naturaleza. Maletas sin destino. El hombre en su afán de abandonar tierras agotadas por ancestros.
Como los personajes de Jhumpa Lahiri, revelación de las letras norteamericanas, nacida en Londres y residente en Rhode Island. Tierra desacostumbrada. Emociones, secretos, historias de familias de origen bengalí en los Estados Unidos que van más allá de las experiencias de inmigración y se empapan de seres de carne y hueso. Padres e hijos, hermanos y hermanas, maridos y mujeres, amigos y amantes. La mirada de Jhumpa Lahiri sobria y delicada y sobrecoge y deslumbra.
Ruma recibe postales de París y Roma. Las primeras letras en treinta y ocho años de un padre que comenzó otra vida. Celos, incomprensión, silencios, la sorpresa ante un ser desconocido, capaz de enseñar bengalí a su nieto y cultivar hortensias entre rastrojos en la trasera de la cocina. Hortensias, el tributo al amor a su madre fallecida.
Al igual que su mujer, Ruma estaba ahora sola en un lugar nuevo, abrumada, sin amigos, ocupándose de una criatura, todo lo cual le recordaba demasiado a los primeros años de su matrimonio, los años que su esposa nunca le había perdonado.
El cielo y el infierno. El deseo oculto de otra madre que se descubre ante el dolor de una hija abandonada. Sentimientos que Jhumpa Lahiri desentraña con la maestría de quien consiguió el Pulitzer con el primer libro de relatos, Interprete de emociones.
Tenían en común todo aquello que no tenían en común ella y mi padre: el amor por la música, el cine, la política izquierdista, la poesía. Eran del mismo barrio del norte de Calcuta, las casas de sus familias a un paseo una de otra. Conocían las mismas tiendas, los mismos trayectos de autobús y tranvía… A mi padre le gustaba el silencio y la soledad. Se había casado con mi madre para aplacar a sus padres, que estaban dispuestos a aceptar su abandono siempre y cuando tuviera esposa. Estaba casado con su trabajo con su investigación y existía en el interior de una concha que ni mi madre ni yo pudimos atravesar.
Hema y Kaushik comparten unos meses una habitación infantil. Dos vidas dispersas plagadas de actividad y parejas truncadas hasta que el destino las reúne en una terraza de Roma. Un fin de semana en la Toscana les mostrará la plenitud de la vida. Una vida que les será negada por las circunstancias y los designios de la tierra.
Todos tenemos un poco de esos seres apátridas que Jhumpa Lahiri describe en sus relatos. Seres que se enfrentan al destino con la fuerza de la juventud y de los ideales compartidos. Con sus pieles doradas, largas cabelleras y ojos de basalto. Con los temores y deseos de quienes atesoran en el corazón el anhelo de la tierra, empañando la nube de sus recuerdos.
Tierra desacostumbrada. Jhumpa Lahiri. Traducción de Eduardo Iriarte. Editorial: Salamandra. Barcelona 2010. 348 págs.
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