Arte y cultura · Madrid · Relatos
Niñas del Camino
Por Concha Huerta de Soto ·

Almuerzo en una sala blanca rodeada de rostros de mi infancia. Rostos que desde hace años solo veía en mis sueños. Observo las pupilas iluminadas por el reencuentro, los cabellos brillantes, las manos tendidas con las que intercambié juegos y textos. Entre pastas y copas de vino las anécdotas reconstruyen un pasado olvidado, mi pasado.
Siempre me sentí un poco huérfana cuando alguien comentaba que acudía una comida del colegio. Me preguntaba que sería de mis compañeras del Camino. Las que perdí aquel verano que abandonamos Madrid entre maletas. Con Patricia y Gema coincidí a través de los años pero la locura del trabajo volvió a distanciarnos. Ahora el destino nos devuelve incluso a Odette que nos visita desde el otro lado del Atlántico.
Encontré a Gema en el aeropuerto, a Cristina en una galería, a Blanca en una terraza. A Marta y Macusa en facebook, no las veía desde aquel fin de curso. Sus voces me inundan con la energía de los quince años. Vuelvo a saltar con Blanca sobre el colchón de mis padres, a ensayar con Isa los pasos de la clausura, a admirar a Nuria corrigiendo a la profesora de matemáticas. Como si el tiempo se hubiera detenido frente a las escaleras del gimnasio. Dice Silvia que salió de la comida con una sonrisa que le duró toda la tarde. La mía durará toda la vida.
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