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Japón, año uno.
Por Concha Huerta de Soto ·
11 de marzo de 2011.Un aficionado grava imágenes del terremoto que asola Tokio. 9.0 en la escala Richter. Era solo el principio. Un tsunami azotó el norte de Japón arrasando diez kilómetros de costa y dejando una estela de 16.824 muertos, 3.500 desaparecidos y 270.000 hogares destruidos. Minutos eternos que desgarraron las esperanzas de todo un pueblo.
O casi todas. En Ishinomake unos chicos juegan a la pelota. Estaban en la clase de Miss Taylor cuando les alcanzó el terremoto. Fue muy grande y me asusté; era mi primer terremoto y pasé mucho miedo, recuerdan hoy entre sonrisas. La profesora Taylor les animó, les ayudo a evacuar el edificio y esperó a que sus padres les recogieran. Después volvió a su apartamento. El tsunami llegó en pocos minutos. Nunca volvieron a verla. Sus alumnos se graduarán en primavera.
No fue la única. Mucha gente llegó de lejos con buena voluntad y ayuda. La fuerza naval norteamericana, helicópteros, marineros, soldados, equipos de rescate, médicos de Nueva Zelanda, China, Suráfrica, Canadá, Israel. El mundo entero se fundió en un minuto de silencio por las víctimas del mayor terremoto que asoló Japón en la historia. Aquel 11 de marzo Japón descubrió el verdadero sentido de la palabra Amistad.
Hoy, el pueblo de Tohoku tiene un mensaje para sus nuevos amigos. Niños, jóvenes y ancianos se unen en una palabra mágica. Arigato. Gracias por el amor y coraje recibidos. Todavía queda un largo camino que recorrerán paso a paso. Todavía necesitan nuestra ayuda. Siempre recordaremos a nuestra profesora y a todos cuantos nos ayudaron con agradecimiento.
Ryuto Nagao nació el 11 de marzo en el corazón de la tragedia. Esperamos que crezca junto a una nueva generación tras el terremoto. Y que la humanidad gane así esta batalla a la madre naturaleza.
Yuko Sugimoto y su hijo Raito donde la fotografiaron el año pasado tras el terremoto y tsunami de Ishinomaki, Miyagi, Japón.
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