Concha Huerta de Soto

Arte y cultura · Arquitectura · Deportes · Gastronomía

Desde la ciudad eterna

Por Concha Huerta de Soto ·

Teatro di Marcello, 20:30. Nos acomodamos frente a un piano elevado en una tarima. Dos jóvenes de negro ocupan sus banquetas frente al teclado. Comienzan los compases de la Danza eslava de Dvorak  a cuatro manos. Una brisa húmeda se cuela entre los arcos del teatro que soñó Julio César para cautivar a los romanos. Mi mente se eleva entre tres columnas blancas, restos del esplendor de otra época. El primer descanso desde que el domingo aterrizamos en Roma.

Teatro di Marcello. Foto: C. Huerta

La melodía del piano juega con las palabras de la guía describiendo los tiempos del imperio. La profusión de templos y edificios que rodeaban esta franja estrecha abierta al Tíber, arrasados por la ambición de destronar al teatro pompeyano, que abortaría una daga y terminaría Augusto en honor a su joven sobrino muerto. Y nosotras compartiendo música en este espacio, testigo de siglos de grandeza y decadencia que enciende recuerdos.

La alegría al cruzar las puertas de Nino, mi restaurante favorito del centro histórico. Cinco años sin disfrutar de sus pequeñas mesas teñidas de luz amarilla. Sin saborear su mozzarella perfecta, sus pastas caseras y su inigualable ternera al carbón de leña. Sonrío a la signora María que desde su mostrador controla cocina y cuentas y a Bruno que nos atiende solícito desde hace quince años. El tiempo no pasa por Nino. Porque el tiempo en Roma es algo relativo.

Restaurante Nino. Foto: C. Huerta

Dvorak da paso a Rachmaninov y la tarde se despide. Los mármoles se iluminan recortando capiteles corintios contra un cielo añil cruzado por gaviotas. Un coro natural a las notas del piano que resuenan entre las piedras ajadas del teatro. Me pregunto de donde saldrá tanta gaviota. Saco un cuaderno y anoto las palabras que se alzan con ellas.

La Rapsody in Blue de Gershwin inunda de alegría la noche romana. Como la que sentí al conocer la victoria de Rafa Nadal, nuestro Rafa.  Este chico tiene algo que no puedo describir con palabras, humildad, coraje, sencillez, afán de superación, que me hace sentirle como el hijo que no tengo. Recuerdo con orgullo los periódicos inundados con la imagen de Rafa celebrando sobre la tierra roja su nueva victoria. Las notas finales de la Rapsody in Blue se transforman en vítores milenarios consagrados a dioses y héroes como Rafa Nadal al que saludo desde la ciudad eterna.

Templo de Apollo. Foto: C. Huerta

Festival Musical de las Naciones en las noches romanas. Alkimia piano Duo.

Restaurante Nino desde 1934. Rua Borgognona, 11, Roma. Tel.: 06.67.95.676

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