Arte y cultura · Literatura · Perfiles
Camus, 100 años.
Por Concha Huerta de Soto ·

Camus, 100 años. Celebramos el primer centenario del Extranjero en su tierra, aquel francés nacido en Argelia que revolucionó las letras galas, Premio Nobel de literatura, un maestro de las palabras. Vuelvo a leer algunos textos de sus obras completas, El Extranjero, La Peste, que me acompañan en los días grises en que la desazón me desborda el alma.
Sus palabras sobrevuelan en mi mente entre océanos y estepas de África, el continente que acogió las miserias de su infancia. El Primer Hombre. La novela inacabada que acompañó a Camus en su último viaje, interrumpido trágicamente por un tronco obstinado al fondo de una curva. Camus el hombre, el filósofo, el periodista, el dramaturgo y sobre todo, el novelista.
Imagino al niño Albert correteando por las calles polvorientas de Argel, la ciudad que les acogió cuando perdió a su padre en la Gran Guerra. A su madre Catalina atrapada en la supervivencia y en silencio de la sordera, enseñándole frases en español y catalán, recuerdos de otras tierras. Y Albert en la escuela escribiendo y leyendo con el ímpetu de quien descubre un mundo nuevo, su madre era analfabeta, alentado por un segundo padre que le abrió las puertas a la literatura. Gracias, profesor Germain, por rescatar a este niño de un destino de pobreza.
Y cito solo el primer párrafo de El primer Hombre, uno de los más bellos de la literatura, donde transforma una gota de agua en una metáfora de su propia vida, una vida consagrada a las letras que comenzó aquel noviembre de 1913 en una pequeña aldea de Argelia y que hoy celebramos con admiración y alegría.
En lo alto, sobre la carreta que rodaba por un camino pedregoso, unas nubes grandes y espesas corrían hacia el este, en el crepúsculo. Tres días antes, se habían hinchado sobre el Atlántico, habían esperado el viento del oeste y se habían puesto en marcha, primero lentamente y después cada vez más rápido, habían sobrevolado las aguas fosforescentes del otoño encaminándose directamente hacía el continente, deshilachándose en las crestas marroquíes, rehaciendo sus rebaños en las altas mesetas de Argelia, y ahora, al acercarse a la frontera tunecina, trataban de llegar al mar Tirreno para perderse en él. Después de una carrera de miles de kilómetros por encima de esta suerte de isla inmensa, defendida al norte por el mar moviente y al sur por las olas inamovibles de las arenas, pasando por encima de esos países sin nombre apenas más rápido de lo que durante milenios habían pasado los imperios y los pueblos su impulso se extenuaba y algunas se fundían ya en grandes y escasas gotas de lluvia que empezaban a resonar en la capota de lona que cubría a los cuatro pasajeros. (Albert Camus. «El primer hombre«)
Albert Camus. Mondovi, Argelia, 7 de noviembre de 1913 – Villeblevin, Francia, 4 enero 1960.
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