Arte y cultura · Cine y TV
Un milagro
Por Concha Huerta de Soto ·
Lluvia y frio. El paisaje de Madrid las últimas semanas. Recorremos el Paseo del Prado tras los vidrios empañados entre pilotos y humos. Al cruzar Neptuno una columna de gentes bajo un techo de paraguas. Observo sus rostros silenciados, el peso inmóvil sobre las piernas cansadas. Me pregunto que esperarán esas miles de almas en la intemperie. Doblamos por Atocha. La fila se pierde por una calle lateral. Llegamos tarde. No contamos con el tráfico bajo la lluvia.
A las 6:26 nos apeamos en el Calderón y nos abalanzamos sobre la taquilla del Ideal. An Education comienza a las 6.25. Subimos corriendo a la sala y encontramos dos butacas entre abrigos y paraguas. Londres, 1961. La cámara sigue a Jenny, una joven de último curso entre las aulas y su casa en los suburbios. Una joven brillante con un padre obsesionado con su admisión en Oxford. El ritmo pausado de las imágenes nos permite recuperar el aliento. La vida de Jenny es una sucesión de deberes. Las clases de música, el coro, los libros. Las canciones de Juliette Greco y los Gauloise que fuma a escondidas alivian el tedio de su rutina de estudiante.
Ensayo con la orquesta del colegio. Un joven la mira ruborizado. No es para menos. La imagen de Jenny acariciando el chelo exulta belleza. A la salida espera bajo la lluvia al autobús que no llega. Un hombre la observa desde el coche. Se acerca y se ofrece a llevarla. El desconocido la embauca con palabras mágicas, como embaucará a sus padres y colegas. Entra en el coche y en una nueva vida abierta a sensaciones y miserias.
El guión se desenvuelve hacia lo inevitable, los recuerdos de la periodista Lynn Barber en los que se basa la película. A los quince minutos paseamos por el Londres de los sesenta, entre mujeres encorsetadas en tejidos estrechos y vidas planas, entre aromas de huevos cocidos y té con pastas, entre salas de conciertos y subastas. An Education nos atrapa con sus pinturas prerrafaelistas, sus campiñas británicas y sus voces quebradas.
No puedo creer la suerte que hemos tenido. Llegar a tiempo, encontrar tan buenas butacas, presenciar este ensueño. La maestría de la directora Lone Scherfig frente al equipo y sus protagonistas. La mirada de vacua de Helen (Rosamund Picke) ante la música clásica. La rigidez del padre (Alfred Molina), el desencanto de la madre (Cara Seymour), la independencia de la profesora (Olivia Williams), la malicia de la directora (Emma Thompson). El encanto infantil de David (Peter Sarsgaard) el treintañero que vive de sus fantasías. Y, sobre todos, la versatilidad de Carey Mulligan capaz de imprimir dramatismo y gracia infantil a una misma secuencia. Qué gran actriz de veintidós años. Qué merecido el Bafta.
Al salir comentamos escenas y diálogos en la seguridad de volver a la sala para disfrutar cada detalle. An Education se ha estrenado en pocas salas. Es una película independiente. Una pequeña gran película. Preguntamos al conductor mientras nos traslada por calles oscuras y mojadas por la fila interminable que encontramos en Atocha. Será por el Cristo de Medinaceli. El primer viernes de cada mes la gente va a besarle los pies y pedirle un milagro.

An Education. Dirigida por Lone Scherfig. Gran Bretaña. 2009. Con Carey Mulligan, Peter Sarsgaard, Alfred Molina, Olivia Williams, Emma Thomson.
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