Concha Huerta de Soto

Arte y cultura · Lisboa · Relatos

Tras la ventana

Por Concha Huerta de Soto ·

La brisa de marzo recorre la mañana y alcanza los postigos enmarcados en piedra. Tras los cuarterones de la planta alta Dona Mariquinhas aguarda. Entre sábanas bordadas para un ajuar hace cuarenta años. Las manos cruzadas sobre el pecho.  Los párpados pesados. Las pupilas aferradas a su primer sueño de mañanas cálidas. De requiebros al pie de la ventana. De melodías de un primer amor, único y verdadero.

El viento la sobresalta. Sombras se extienden tras los cristales como telas de araña. Vaivén de ramas secas del álamo tras la valla. Triste destino, piensa. Clavado en la misma tierra desde que ella cumpliera quince primaveras. Aún recordaba las voces hermanas revoloteando alrededor de sus ramas tiernas. Las risas, los juegos, las chanzas. Y después los atardeceres en que Chico la esperaba. Los labios en la mejilla, las promesas de un futuro juntos.

Otro invierno, otra primavera. Perdió la cuenta de las tardes y mañanas que iluminaban el dosel de su celda. Todas iguales, todas muertas. Alguna tarde una voz piadosa le relataba la vida tras la ventana. La vida arrebatada cuando su Chico llevó al altar a otra. Aturdida observa las palmas agrietadas por la espera. Manos traslúcidas de un alma en suspenso. Pasos tras la puerta. La criada se acerca con una bandeja. Dona Mariquinhas, hace una mañana esplendida, quizás quiera salir hoy. Le acomoda el almohadón tras la espalda mientras la ayuda a incorporarse en la cama.

Hoy no, quizá mañana.

Casa de Cascais. Foto: C. Huerta

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