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The Modern
Por Concha Huerta de Soto ·

Para comenzar.
Salpicado de marisco sobre espuma lila. Aromas de tormenta y brisa marina. (“Anochecer en Grandcamp” de Seurat, 1885)
Gajos de higos, limas y naranjas sobre fondo de sémola caramelizada y queso a las finas hierbas. (“Paisaje de Collioure” de Matisse, 1905)
Las verduras.
Profusión de brotes tiernos sobre lecho de compota de castañas, con repollo y coles de Bruselas. (“El parque” de Klimt,1910)
Revuelto de espárragos en aceite de oliva virgen extra aromatizado con romero y hierbas del bosque. (“L’Estaque” de Braque, 1908)
La pasta.
Lunas y estrellas de pasta en salsa de naranja y pimientos rojos aderezada con ciruelas y pasas. (“Contrastes simultáneos” de R. Delauny, 1913)
Raviolis cocidos en agua de rosas con un toque de basílico sobre pluma de ave del paraíso. Homenaje a las fuentes de Picasso. (“Composición oval con colores planos” de Piet Mondrian. 1914).
Los postres.
Manzanas al vino blanco rebajado con agua de roca. Aromas de corolas y sombras. (“Bodegón con frutero” de Cèzanne. 1880)
Tableta de chocolate puro montada en yema de avestruz sobre pan de oro. Ralladura de tomate. (“Círculo amarillo” de Moholy-Nagy, 1921)
Permanezco en la silla de The Modern enfrentada al patio ajardinado tras los cristales. Mis manos trasladan pedazos de verdura y pasta a la garganta que se abre y cierra mecánicamente. Al alcanzar el paladar las texturas se transforman en líneas, círculos y pinceladas que inundan mi mente desde la mañana. La planta quinta del MoMA. Un universo de obras perfectas. Imágenes que me acompañan en la vigilia y el sueño.

“Contrastes simultáneos: sol y luna” de R. Delauny, 1913
MoMA. The Museum of Modern Art. Nueva York. Exposición permanente de pintura y escultura. Plantas 4 y 5.
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