Arte y cultura · Fotografía · Madrid · Naturaleza
Saludando al Manzanares
Por Concha Huerta de Soto ·
Lunes al mediodía. El sol me anima a practicar el swing abandonado tras un invierno frío y lluvioso. Cargo los palos en el carrito y entro en el Parque Deportivo Puerta de Hierro. Al cruzar el puente una imagen inusitada me corta el aliento. El Manzanares fluye magestuoso en su paso por el Pardo.
Rio y cielo en conjunción perfecta. Por un momento me parece estar en la campiña británica. La corriente arrastra troncos y hiervas a velocidad de vértigo. Nada que ver con el lecho blanquecino de aguas estancadas que acostumbro a encontrar en mis visitas al centro, el arroyo aprendiz de río del que ya se mofaban Góngora y Quevedo.
Si tuviera los dedos de Constable plasmaría la armonía de nubes y cielo sobre el espejo de las aguas. Si tuviera la intuición de Turner capturaría los ocres y amarillos que envuelven la mañana. Si tuviera el genio de Goya adornaría la orilla con bullicios de gente y ferias. Me tengo que conformar con capturar una instantánea improvisada en el móvil.
Cuanta paz destilan los reflejos de cielo y montes nevados sobre las aguas cristalinas, las ánades picoteando entre las hierbas crecidas, la corriente que se apresura hacia el Jarama camino de su destino, el Tajo en Aranjuez y en Lisboa el Atlántico. A la vuelta me prometo detenerme y saludar una vez más al Manzanares. Una imagen que le debe a este invierno frío y lluvioso su belleza milenaria. Para que luego digan que no existen los milagros.
Río Manzanares. Madrid. Fotos: C. Huerta
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