Concha Huerta de Soto

Arte y cultura · Literatura · Madrid

Riña de Gatos

Por Concha Huerta de Soto ·

Salgo abrigada. El otoño desliza hojas y sueños entre calles desiertas. El viento despierta mis sentidos entumecidos por unas décimas, regalo de algún desconocido con el que compartí la noche del viernes. Un taxi, una sala a oscuras, una marquesina mojada. Demasiado contraste entre la calefacción y el otoño madrileño.

A causa del frío, el bullicio de la noche madrileña ha sido sustituido por el lúgubre ulular del implacable viento de la sierra, que arremolina las hojas secas y los papelotes esparcidos por el suelo negro, brillante de escarcha. (Eduardo Mendoza. Riña de Gatos)

1936, Anthony llega a Madrid una madrugada gélida. Desengañado por una relación estancada viene con la misión de valorar los lienzos de un noble en apuros. Lo que no se espera es verse envuelto en una trama de espías y rencillas políticas en una España divida por la incomprensión y el descontento. Eduardo Mendoza dibuja con un toque magistral e irónico el ambiente de nuestra primavera más negra. Y lo hace conjugando historia, arte y gastronomía de la mano de un inglés desaliñado que enciende pasiones entre las damas de la corte. Entre las damas y las meretrices, que de todo hay en esta Riña de Gatos, una novela ágil y amena que ha sido galardonada con el último Planeta.

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