Concha Huerta de Soto

Arte y cultura · Deportes · Lisboa

Resplandor en la hierba

Por Concha Huerta de Soto ·

Costa de Guincho. Grupos de nubes bajas sobre el mar como una balsa. Dunas recorridas de brisa fresca. Las 9.30. Palos de hierro en bolsas blancas, azules y negras  repiquetean por el camino de grava. Saludos atenuados por cantos de aves. Manos afables. Las Burners salen a jugar como cada martes.

La mañana transcurre entre golpes y pasos. El campo se abre con el esplendor de la primavera. Acaricio la bola. Fijo la mirada en un tronco solitario al fondo de la calle.  Pinos añejos enmarcan los trescientos cincuenta metros hasta el hoyo 17. El destino del juego. Respiro hondo. Suelto los brazos en un balanceo y el palo silba contra el viento. La esfera se eleva en un vuelo amplio sobre las copas anchas y se funde con el cielo.

Observo su trayectoria con los brazos enroscados en la espalda y  el cuerpo tenso y flexible. Atrás quedaron temores y resentimientos. Los meses entre paredes blancas. La mente perdida en químicos. La soledad ante las máquinas. El cuerpo congelado por goteos y plásticos. Los miembros quebrados en cada paso. El dolor resonando en el silencio.

La bola desciende y se esconde tras unas lomas. Emprendo el camino entre palos y anécdotas de mi nueva compañera. Complicidad y sonrisas. La calidez de la acogida. Recorremos al sol un mar de hierba fresca hasta alcanzar su bola.  Otro golpe certero. Más adelante descubro un destello blanco incrustado en verde. Al borde de la calle, una estaca cruzada por dos líneas amarillas. Un milagro. El vuelo más largo.

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Foto: C. Huerta

Campo de golf Oitavos Dunes. Quinta da Marinha Original. Cascais. Arquitecto: Arthur Hills. 2001.

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