Concha Huerta de Soto

Arte y cultura · Arquitectura · Arte · Gastronomía

Piedras de Sintra

Por Concha Huerta de Soto ·

Piedras de Sintra. Travesaños que se esconden en portales añejos. Adoquines que se precipitan en cascadas de callejuelas y tabernas. Tras los balcones, manos ajadas visten paños de iniciales doradas entre suspiros que reclaman blasones y trompetas. El aire envuelto en nieblas de poesía contagia paraísos románticos. La sombra de Lord Byron se refresca en una fuente azulada. En el centro de la villa palpita un palacio de altas chimeneas blancas. Torres gemelas que que se alzaron para cobijar aromas de reyes. Lechones y cabritos, traveseiras y quesadas. Sabores de otras épocas entre leyendas congeladas en azulejos mudéjares. Al otro lado de la plaza blanca, el valle salpicado de palacios y nobles barandas inunda la tarde de tejas encarnadas y campanarios amarillos. Más allá el bosque derrama clorofilas sobre granitos milenarios y se viste en lo alto de murallas ansiadas por moros y cristianos. La sierra se abre al océano en un abrazo de nubes y ramas entre tesoros escondidos entre bayas. Quintas labradas, estanques y bancos de piedra. Y tras una vereda, un túmulo de musgo coronando el silencio de los capuchinos.

Piedras de Sintra. Dioses y hombres ensalzando naturalezas.

Sintra. Foto: C. Huerta

Sintra. Portugal. Declarada patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1995.

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