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Pendientes de Grecia
Por Concha Huerta de Soto ·

Mañana son las elecciones en Grecia. Hecho que pasaría desapercibido si no fuera porque su resultado nos tiene con el corazón encogido a millones de europeos. Miedo, balas y neonazis andan sueltos por las calles de Atenas. Titulares que auguran presagios de tragedia.
Visité Atenas en las Olimpiadas del 2004. Recuerdo la ciudad apiñada en colinas, el sol de justicia, los pequeños museos, el Partenón expoliado y abandonado al paso de los siglos. La belleza de un mar esmeralda salpicado de islas, lo mejor de la visita. Los gigantes vestidos de enaguas en la plaza el parlamento.
Me sorprendió el cariño con que hablaban de España, las meriendas de sandia, la vitalidad de las vendedoras de la Plaka, el barrio antiguo. Su aspecto más cercano al turco que al mediterráneo, vestigios de invasiones y destierros. Me ilusionó descifrar su alfabeto, recuerdos de las clases de Doña Pura y aprendí frases sueltas, Kalimera, buenos días, Efaristos poli, muchas gracias.
En las callejuelas del centro se chapurreaba un inglés ingenuo. Se notaba el esfuerzo por recibir los Juegos, las calles recién asfaltadas, la autopista nueva, las estaciones decoradas con vestigios helénicos. Pero en cuanto te adentrabas hacia el puerto la ciudad se convertía en una Trípoli descuidada y polvorienta. Me fui con una impresión de aislamiento y nostalgia, una invención griega.
Estamos pendientes de Grecia. La que fuera el origen de nuestra cultura hoy tiene en sus manos el futuro de Europa. Se repite el mito. El euro, símbolo de la joven Unión Europea, raptado por el demonio de la quiebra. Esperemos que el sentido común se imponga y el pueblo heleno recuerde su pasado de grandeza.
Cariátides del Partenón. Atenas
Odeón de Herodes Ático. Atenas.
Costa del Egeo
Puerto de Hydra
Guardia griega. Fotos: C. Huerta
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