Arte y cultura · Relatos
Musas
Por Concha Huerta de Soto ·

Leo la prensa entumecida por otra noche de insomnio. Las musas me visitaron de madrugada y me atraparon en sus letras. Rellene página tras página con palabras que fluían de la certeza de quien comparte un misterio. Historias hilvanadas entre fantasías y recuerdos hasta que los primeros rayos las desterraron a su reino. La visita me dejó extenuada. Ya tendré otras noches para recuperar mi cuerpo extenuado.
Y el caso es que me fui a la cama cansada tras una jornada intensa y una semana plagada de citas. Una semana sin tiempo para meditar sobre los problemas que se entrelazan últimamente a cada uno de mis días. Alguna inquietud debía carcomerme el alma cuando a las cinco y cuarto las musas me arrastraron a sus danzas, liberando temores y deseos en un frenesí de pareados y cuartetos.
Termino el desayuno con las sienes doloridas. Tras la ventana el sol baña terrazos y ramas. El cielo se tiñe de nubes, la ciudad me saluda con sus bocinas. Al arreglar la cama recojo un manojo de hojas emborronadas con letra hermética y las guardo en una carpeta junto con otras hermanas, frutos de otros desvelos, a la espera de que las musas terminen el relato de mi vida.
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