Concha Huerta de Soto

Arte y cultura · Cine y TV

Lazos de sangre

Por Concha Huerta de Soto ·

Una llamada extraña. Una voz tenue y cálida solicita una visita para documentar un crimen que hace treinta años salpicó las paredes de mi casa. Sorprendida y molesta accedo a la entrevista. Nadie me habló de muertes cuando compré el ático.

Encuentro tras la puerta. Brad Pitt con cabello corto y perilla vestido de negro. Le acompaña una rubia chillona. Me desvela el misterio de las  marcas en mi dormitorio. Pasión, traición y sangre. Extiendo la mano sobre las paredes brillantes. Siempre me ha parecido que las marcas rezumaban líquidos pardos. Le ofrezco un té rojo y se le tiñe la barba. La rubia se burla y le insulta.  Pregunta por un edificio donde su abuelo realizó transfusiones en la Guerra española. Otra sorpresa. La casa de la que salí para casarme. El destino nos une con lazos de sangre. Lástima que no podamos conocernos. Aunque hay algo en ese rostro perfecto que me inquieta.

Abro los ojos. Tres cuarenta de la mañana. Agotada preparo una manzanilla. Sobre la mesa Brad Pitt en el dominical en el estreno de Malditos bastardos. Una película que no podré ver por la obsesión de Tarantino con la violencia. No soporto ver sangre, ni real ni imaginaria. Y mi padre tampoco. Es algo de familia. Recuerdo a Uma Thurman cercenando miembros con una catana, la vista nublada, el aire escapándose del cuerpo. Tuve que esperar una hora a que saliera mi hija, enamorada de Japón y Tarantino.  

Tarantino. Un director de culto. Diálogos brillantes. Incontables referencias al séptimo arte y a la música, capaz de revivir cualquier grupo de los setenta.  Un género en sí mismo.  Dice mi hija que Malditos bastardos no es tan violenta. Quizá tome un valium y vaya a verla.

Malditos bastardos.  Director: Quentin Tarantino. Con Brad Pitt, Christoph Waltz. USA- Alemania 2009. 135 min.

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