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Jardines soñados del Thyssen
Por Concha Huerta de Soto ·

Atravieso un laberinto de hielo. El corazón en las sienes. El viento agrieta mis manos desnudas entre corredores yermos. Al fondo una puerta se abre a una estancia horadada de ventanas. Me asomo a la primera y descubro un vergel sobre un estanque de aguas claras. Copas y clorofilas tiñen de verde el espejo líquido. La brisa acuna espigas y matojos con manos cálidas. El golpe de humedad me reblandece el paladar sin aliento.
Paul Cezanne. El estanque en Jas de Bouffan, c. 1874
Tras la siguiente ventana un hogar rodeado de dalias rojas y gualdas. Las más codiciadas tras su viaje desde las Américas. Las flores se diluyen en bálsamos que restauran cada una de mis yagas. Dos chimeneas vigilan la danza de estratos y cúmulos. Mi alma se impregna de sabias y descansa sobre la turba. Una pareja camina entrelazada junto a la verja. Guardianes de mis sueños. Sus voces se confunden con murmullos de abejas y jilgueros.
Claude Monet. El jardín del artista en Argenteuil. 1875
Otra ventana. El sol se despide de la huerta con destellos naranjas. Los campesinos recogen sus pasos hacia el hogar compartido. Sigo el ritmo pausado de sus cadencias aspirando sabias de la campiña. Flores de azahar, eneldo, cebollinos y berzas. Sosiego. Geometrías de tierras ensalzadas por manos sabias. Alegría tras completar otra jornada de trabajo. El destino del hombre.
Armand Guillaumin. Camino de Damiette. 1885.
Tras la ventana más alta, un paraíso levantado entre muretes salpicados de azulejos del levante. El descanso del artista. Un rostro horadado de recuerdos frente a un caballete iluminado de verdes y violetas. El milagro de la luz y sus infinitos matices. La tarde extiende su manto sobre mis hombros y me inunda de belleza. El arte y la naturaleza en sintonía perfecta.
Joaquín Sorrolla y Bastida. Jardín de la casa de Sorrolla. 1920.
Abro los ojos y encuentro una habitación en penumbra. Al abandonar las sábanas mi cuerpo se estremece. El cielo congela escarchas tras los ventanales blancos. Los copos descienden en corros y se desvanecen en silencio. Me envuelvo en una manta y saludo al invierno con una sonrisa, recordando los jardines soñados que descubrí ayer en el Thyssen.
Jean Auguste Renoir. Mujer con sombrilla en un jardín. c. 1876
Jardines impresionistas. Museo Thyssen-Bornemisza. Fundación Caja Madrid. Hasta el 13 de febrero de 2011.
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