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Faro de Santa Marta
Por Concha Huerta de Soto ·
Azul y blanco. Muros encalados brillando en el paraíso. Huecos rellenos de historia y leyendas. Una torre se yergue sobre aguas teñidas de esperanza. Las olas dibujan estampas con trazos gruesos. En la calma de un día sin nubes, la brisa acuna el vuelo de las gaviotas.
Faro de Santa Marta. Tres siglos iluminando almas viajeras. Un diamante guiando velas entre tormentas y mareas. Blanco y azul. La luna desliza una mirada desde su trono etéreo. Sus lágrimas se cristalizan en reflejos de plata. El tiempo se detiene en una corriente cristalina.
Faro de Santa Marta. Azul y blanco. Azulejos preñados del atardecer en la costa. La noche enciende su vigilia. Cierro los ojos y me elevo en su estela intermitente. Recorro oceános y otras tierras. Y me envuelvo en un sueño de capitanes y poetas.
Faro de Santa Marta. Cascais. Foto: C. Huerta
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