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Blackout
Por Concha Huerta de Soto ·

7:30 de la mañana. Me arrastro de la cama justo antes de que el despertador suene. Recojo la ropa a tientas y entro en el baño. Intento en vano encender las luces. Termino de vestirme como puedo y salgo al pasillo. Un letrero en el ascensor redirige a las escaleras. El móvil vibra. Cristina me avisa que llega tarde. Respiro con alivio. Así tendré tiempo de desayunar antes de la clase. Calor húmedo. Se nota que anoche descargaron tormentas.
En la terraza me informan que ha habido un blackout en toda la zona. Blackout. Me gusta cómo suena esta palabra. Más que apagón, la verdad. Desayuno fruta y un té solo. Espero que sea suficiente para las horas que me esperan lanzando bolas. Tras la puerta el chef da instrucciones a un corro de rostros perlados por la ansiedad. Y es que un corte de luz en una cocina es una tragedia.
Parece mentira cómo nuestra vida depende de algo tan complicado como el suministro eléctrico. Cuando uno reserva un hotel escoge la localización y las actividades pero nunca el tipo de generador para casos de emergencia. Deberíamos. Las ocho y cuarto. Me levanto con una sonrisa. Ahora poca electricidad necesito. Me esperan dieciocho hoyos salpicados de lagos y palmeras, de garzas y flamencos, de hierba tupida y arena blanquísima. Otra mañana fantástica en este campo único.
Camino de Turnberry. Foto: C. Huerta.
Driving range. Foto: M. da Silva
Fairmont Turnberry isle Resort & Golf. Aventura. Miami
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