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Antonio López en el Thyssen
Por Concha Huerta de Soto ·

Atardecer en Madrid. Un viento fresco juguetea con las acacias salpicadas de flores vainilla. Ayer llovió en la sierra. Una tregua a las temperaturas de la semana pasada. Las calles tranquilas. Se nota que las familias disfrutan de sus jardines de verano. Algunos turistas capturan con sus cámaras la puesta de sol sobre Correos, la Puerta de Alcalá y Neptuno.
Los que no están en la calle hacen cola en el Thyssen. Antonio López reclama a los madrileños. Me tomo la visita con paciencia. Una terraza, la vista desde Atocha, la Gran Vía. Un Madrid enardecido por la mirada del artista. Sus lienzos destilan pasión y paciencia. La vida se concentra en un instante mientras sueña mes a mes, año a año, cada azotea desierta. Cuando se acerca a la figura humana sus manos esculpen arcillas y maderas. Torsos, parejas, un Adán con mirada de escriba. Cabecitas redondas de ojos dormidos. La familia.
Pero a mí lo que me gusta son sus árboles. Esos dibujos intrincados que reproducen los misterios de la naturaleza. Las parras, las calabazas, los membrillos que Víctor Erice inmortalizó con su cámara. Tributo al oficio de artista. Y unos jarrones traslucidos con un puñado de rosas blancas. Conjunción perfecta de intimidad y belleza, una mirada rendida a la naturaleza que comparto y agradezco.
António Lopez. Madrid desde Capitán Haya. 1987-1996
Antonio López. Gran Vía. 1 de agosto. 7:30. 2009-2011
Antonio López. Retrato de Antonio López Torres. 1972.
Antonio López. Membrillero. 1992
Antonio López. Rosas de Ávila. 2007
Antonio López. Museo Thyssen- Borsnemisza. Hasta el 25 de septiembre de 2011.
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